sábado, 19 de agosto de 2017

¡Hasta siempre Carusso!

Cuando lo conocí, no era más que un adolescente impetuoso y enseñoreado, pues guardaba en su potencial humano una voz, un amor y una pasión por la música, que de pronto todos, cuando lo oímos, no se pudo quitar el sobre nombre de Carusso. Por Antonio Moran del Cid El prestigioso Coro del Maestro Ricardo del Carmen, uno de los más importantes de América Latina, sirvió de seno para este incipiente artista, que desde temprana edad, sintió la pasión por el Bel Canto y los maravillosos misterios que encierra la inspiración que se ve plasmada en la música de todos los tiempos. Los ensayos de este majestuoso Coro, hasta hoy se realizan en el Conservatorio Nacional de Música y en medio de un ambiente cordial entre gente que ha aprendido a quererse y comprenderse, los sábados significaban el relax de toda la semana, pues la paciencia del Maestro del Carmen, era incierta, pero su don de gentes hacía que se mantuviera la seriedad y el interés por esas obras tan complicadas y profundas, que cuando lográbamos presentarla a los públicos, se oían verdaderamente celestiales y con una inspiración divina, como el Réquiem de Mozart, la Misa solemne de Santa Cecilia de Charles Gounod, la Quinta y Novena Sinfonía de Bethoven y muchísimas otras. Un sábado de tantos, entre las bromas y el redescubrir nuestro niño interior, cada momento entre notas y risas, las bromas se iban perfeccionando, de pronto entro un casi adolescente de unos catorce años, regordete, muy serio y con unos anteojos que le hacían parecerse como un niño aficionado a la lectura, cuando muchos le señalaron que la guardería estaba en el otros salón, dijo: Yo vengo a cantar. En ese momento, todos nos preparamos para oírle su momento de fama, cuando se le medía la voz y tesitura, por medio de la escala musical tan sobria que tienen los pianos envejecidos del Conservatorio. Fue cuando oímos una portentosa voz, segura con la nota que le brindaba el piano, pero que no se mantenía en su sonoridad por la corta edad del que sería definido como un barítono al principio y un tenor después, pero de inmediato nuestro querido Carusso se hizo parte de nuestra gente, que éramos tantos y de todas las edades, que seguramente encontró a todos como parte de su familia, que fue eso precisamente, lo que me ocurrió a mí como experiencia personal. De oídas sabía de todos siempre, pues por azares de la vida, tomamos rumbos diferentes, pero siempre con el propósito de querer ser y existir en esta vida. Hoy supe, querido Carusso, que dejaste de existir en este tiempo y en esta vida, como siempre y con el mismo ímpetu, te adelantaste a la vida y continuaste tu propósito fuera de este mundo, pero siempre bajo los términos que Dios nuestro Señor te dio. Lograste ser, lograste existir y subsistir en la vida, poniendo punto a tu más grande pasión como el canto que lo hiciste tuyo, logrando que tu voz fuera oída y conquistaste muchos territorios y hubieras conquistado más, pero tu deseo era conquistar otras cosas fuera de nuestra existencia. Descansa en Paz, eternidad tenemos y terreno para conquistar siempre habrá.

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