sábado, 19 de agosto de 2017

EL CASCABELERO DEL PARQUE CENTRAL Espectacular y pintoresca, es la primera impresión que el Parque Central de Guatemala da, al imbuirse en el bullicioso ambiente de una envejecida zona que ya se empieza a convertir en Centro Histórico y que no deja de ser el eterno anfitrión de personajes inigualables, como don Paco, el Cascabelero, que son los que forman la verdadera idiosincrasia de nuestros pueblos. Por Antonio Moran del Cid Como ya muchos conocen, en Guatemala, este Parque llamado Central, está rodeado al Norte por el Gran Palacio Nacional, convertido en la actualidad como el Ministerio de Cultura, al Oeste por la Catedral Metropolitana, al Sur por el Portal del Comercio y al Este por la Hemeroteca y Biblioteca Nacional. Tiene una hermosa fuente en su plaza principal, además del enorme Pabellón Nacional, que siempre saluda de frente a dicho Palacio, mientras en la otra plaza, existe una Concha Acústica, que sirve para proyectar todas las artes escénicas. Histórico, pero también reformado en su tiempo, ha sido testigo de todo el proceso político y social de nuestra nación. Esta sede popular, no deja de ser anfitriona de pintorescos personajes, que va desde lustradores dormilones, hasta abuelos que con su periódico, puesto en su regazo, empiezan a leer los recuerdos de las épocas pasadas y sin darse cuenta, resultan hablando solos, sin que nadie se detenga a escucharlos. Hoy, después de bajarme impetuosamente de un vehículo, me acerque al famoso parque central, en el lado de la sexta avenida, que curiosamente parte dicho parque en dos, definiéndolo como para actos oficiales la primera y para eventos cortos la segunda. Me fui acercando lentamente al vivir mismo de la gente y aprovechando la exquisita mañana, empecé a buscar a un lustrador de zapatos y buscando a la vez una banca, como las que ofrecen las jardineras de las plazas, sin darme cuenta, le respondí el saludo de sonrisa a un travestí desvelado, que tenia un sentado femenino, como queriendo ser sensual, pero a lo hecho, pecho. Al fin, un lustrador, de aquellos que vienen hacia uno, como desde las siete de la mañana, ya casi siendo las once ¡Llegó al fin! Haciendo una seña haragana con la mano, que el lustrecito, iba a costarme dos quetzales. Quedándome de frente el famoso don Paco, el Cascabelero, que rodeado de un montón de paisanos, se daba a la tarea de convencer a los presentes de que le compraran unos pomos que contenían esencia de polvo de serpiente de cascabel. Armado de un alambre de percha al cuello, que servía para sostener un viejo micrófono, que conducía el sonido a una bocina igual de vieja, puesta en el pavimento, además de un álbum lleno de fotografías de enfermedades de la piel y por supuesto una serpiente viva y otras pieles de serpientes muertas, resguardaban también, todo el menaje de este curandero alternativo. Yo llegué, cuando se dirigía a unos interesados en hacer comentarios, diciéndoles: “Shhh...Muchá, háganme el favor de irse mucho a la chingada, pues para eso el parque es sumamente grande, yo aquí estoy trabajando y me están jodiendo el negocito.” Sin lugar a dudas, conocía bien a su público, pues con lenguaje cordial y muy popular, les hacia conciencia de que eran unos “Shucos” y que la limpieza era sumamente importante para mantener el cuerpo saludable y que por “chuchos” no podían dejar de ir donde las prostitutas, infectándose de cuanta babosada existía, pero para eso él, había preparado su famosa receta, para contrarrestar estos males, pues servía para casi todo y que éste día, se sentía de excelente humor, por eso les iba a regalar la etiqueta del supuesto medicamento, pues por eso no cobraba nada, pero era importante, pues ahí podían encontrar el número de registro sanitario, su nombre y el número de su celular, para cualquier consulta. El remedio, según indicó,. Era barato ya que no tenía que pagar oficina, ni teléfono, ni mucho menos secretaria, a esa la dejaba durmiendo tranquila en su casa. Le gustaba dar todos los pormenores, ya que lo que no le gustaría que llegara cualquier hijo de la chingada a decirle que era un hijo de sesenta mil P... Pues él no estaba para babosear a la gente, para eso ya teníamos suficiente con los políticos y hablando de eso, seguía, se acuerdan del Ex Presidente De León Carpio, se murió por que no se cuidó, de la diabetes, que es la enfermedad silenciosa, bien se hubiera podido echar unas cucharaditas de polvo de serpiente ¡já! Bien cuidadito estuviera, pero ahora, ya es historia. Al fin termino el lustrador, mejor no le hubiera dicho que tuviera cuidado con los calcetines, dejó los zapatos hechos unas obras de arte, ni respondió: De Nada, cuando le di las Gracias. No dejaba de sentir la miradota del vecino travestí, pero entendió inteligentemente mi indiferencia y mi heterosexualidad, gracias a Dios, pues estas cosas, no dejan de ser incomodas y bestialmente locas. Don Paco, terminó el discurso del venta y empezó las ofertas para la Salud, según decía, dando las gracias por el torrente de compras, aún se animó a ofrecer otros pomos, que no le había dado tiempo a poner la famosa etiqueta. Definitivamente, fue un momento donde todos fueron felices, todos salieron con algo en las manos y más con la esperanza puesta en el corazón de que llevaban una posible cura, para saber que tipo de males. Dándome finalmente cuenta, de que no sólo habían parroquianos pasando el tiempo, para no darse cuenta que no tenían trabajo, sino que era el punto central de reunión de muchos jóvenes desgarbados llenos de tatuajes, que ya empezaban a maquinar, como iban a solventar el paso del día y las necesidades que el día conlleva, eso significaba que la violencia y los atracos, no habían terminado.

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